FANDOM


[Pasaje de una serie de cartas enviadas por un miembro de la banda de Bottle Street]

¿Quieres cotilleos sobre Slackjaw? ¿Saber cómo era de joven, antes de ganarse el nombre? Bueno, ahora tiene la mente fría, pero antes de ser jefe de la banda de Bottle Street, no era siempre así. El joven Slackjaw no era un hombre tan razonable.

Como casi todos nosotros, creció en las calles, corriendo con un grupo de golfillos y eludiendo la ley, robando todo lo que necesitaba. Era moreno de piel y de pelo, y a los 10 años ya fumaba en pipa. Para los que nacían en los burdeles o venían de los orfanatos, las únicas alternativas eran las bandas o trabajar con los pedigüeños; y nadie quiere eso. Algunos terminan en la Armada o en las minas de las familias Pendleton o Boyle. Por muy duras que fueran las calles, por mucha hambre que tuviéramos, al menos éramos libres.

Cuando dejamos de ser unos niños, Slackjaw ya despuntaba y solía dirigir el cotarro a la hora de robar el carro a algún campesino o comerciante callejero. Se le ocurría el plan, asignaba un papel a todo el mundo y decidía la repartición. La mayoría nos dejábamos llevar porque aprendimos rápidamente que era mejor así: más comida, más dinero. Además, nadie quería tener que enfrentarse a Slackjaw cuando se enfadaba.

Participó en un par de golpes importantes con Black Sally al otro lado de la ciudad y eso bastó para llamar la atención de los otros jefes. Ya no era un simple chaval de la calle. Ahora era un aspirante, lo que significaba problemas.

Otro que iba por el mismo camino era Mike the Fish, que intentaba ascender mediante la extorsión a trabajadoras de las fábricas a cambio de protección. Una noche, estábamos en un espectáculo obsceno, en el teatro. Mike the Fish y los suyos estaban allí también, en los asientos baratos, un poco más abajo. A Mike se le cruzó el cable -lo suyo no eran los planes- y le tiró una escupidera de cerámica bastante pesada a Slackjaw. Le dio en toda la cara y le rompió la mandíbula. Esperamos a ver si la sangre corría, pero Slackjaw señaló a la puerta y nos fuimos mientras Mike reía a nuestras espaldas.

Al día siguiente, al despertarse, sin darnos ninguna explicación, Slackjaw nos indicó que lo siguiéramos. Todavía no podía hablar, así que fuimos tras él. Nos detuvimos en los muelles y Slackjaw compró -pago en metálico y todo- una cadena pesada llena de anzuelos. Era para pescar en las profundidades; se ata a una cuerda larga que se suelta por el lateral del barco. Medía unos 4 pies, con gruesos eslabones, y de ella colgaban anzuelos en distintos ángulos. Slackjaw se la colocó alrededor del brazo izquierdo, dejándola colgar por el costado.

No sé muy bien cómo se enteró del paradero de Mike the Fish, pero, cuando llegamos a la casa de su chica, Slackjaw lanzó una botella por la ventana, sin más. Era casi mediodía. Oímos unas cuantas voces dentro y Mike asomó la cabeza, con los ojos muy abiertos y gesto de sorpresa. Cuando vio a Slackjaw en la calle, puso una cara de asesino que todavía me da escalofríos.

Mike salió por la puerta lateral, bramando como un toro, con un cuchillo en la mano, y fue directo a por Slackjaw. Al alcanzarlo, en la calle, Slackjaw giró y los anzuelos afilados se clavaron en el brazo y en el hombro de Mike. Este gritó, pero Slackjaw no soltó la cadena. Estaba allí, con la mandíbula rota, apretada, la cadena alrededor del brazo izquierdo, los anzuelos clavados en Mike the Fish, y no dejaba de acuchillarlo a toda velocidad. Mike no podía pelear muy bien enganchado así y con la mano izquierda, pero era un tipo bien grande y recibió un montón de puñaladas antes de caer de rodillas. Al principio, todo el mundo jaleaba, pero luego nos callamos. Al final solo se oía a Mike the Fish, que lloraba como un bebé, y el sonido del cuchillo de Slackjaw.

Cuando todo acabó -y esta es la parte más increíble- Slackjaw sacó una nota y la clavó en la cara de Mike con un clavo. Decía: "Si buscas trabajo, ven a Bottle Street".

Slackjaw tardó un par de meses en volver a hablar bien, pero la noticia corrió como la pólvora.

A finales de año, cuando conseguimos una banda de un tamaño respetable, envió cartas a los otros jefes para decirles que tenía una nueva banda en Bottle Street. La mayoría de ellos se rieron o dieron una paliza a los mensajeros que llevaron las cartas. Green-eye Trish incluso volvió sin un pulgar. Pero parece que Slackjaw esperaba ese tipo de reacción y tenía un plan alternativo.

Una semana más tarde, cuatro de los jefes habían muerto. Parecía una serie de eventos desafortunados, pero todos sabían la verdad. A uno lo mató la Guardia de un tiro mientras estaba en mitad de un mercado de carne. Otro palmó tras resbalarse y caer al agua. Uno de los jefes más ancianos apareció en la cama, abierto en canal, con una pera de Tyvia en la boca. Nadie sabe su significado. Y Sheila Barnsworth apareció flotando en una marmita de cera caliente.

Slackjaw envió otra tanda de cartas. Ofertas a los subjefes en las que les decía que serían tratados justamente, como iguales. Incluso envió a Green-eye Trish con una de las cartas. Todos aceptaron.

Tras destripar a su competencia directa, Slackjaw se dedicó a estabilizar el negocio con elegancia. Solicitaba el pago de favores pendientes, suavizaba las cosas, regalaba a todo el mundo alguna moneda o bebida como bonificación... Mostró a los demás el tipo de jefe que podía llegar a ser. Así que todo se calmó, algo que siempre hace que los chicos de la Guardia se pongan nerviosos, claro.

Se hizo correr la voz entre los chivatos del jefe de espionaje real -Grupo de ciudadanos responsables, se hacían llamar- para que todos los que trabajasen en una tienda o barrieran la puerta de su casa estuvieran pendientes de Slackjaw y de sus hombres, para intentar averiguar qué pretendían y qué había sucedido. Pero Slackjaw no es tonto. Untó a unos cuantos tenderos y a varios miembros de la Guardia. Les dijo que estaba en la ciudad para quedarse y que, a partir de entonces, las cosas funcionarían adecuadamente, sin tanta sangre. Por fin era un jefe de verdad, listo para dirigir el tráfico de whisky, las peleas de perros y la oferta de damas y caballeros de la noche -ya sabes a qué me refiero-.

Pero entonces llegó la peste.

Al principio parecía algo bueno. Unas cuantas personas enfermaron y todos querían comprar las pociones de Sokolov o de Piero. "Elixir de salud" y "remedio espiritual", las llaman. Slackjaw me dijo que vio una oportunidad. Ya teníamos una vieja destilería de whisky con un alambique en el que podíamos aguar los productos y venderlos rebajados. Hacerlo con el elixir de Sokolov fue un acierto. Muy pronto, los barrios bajos estaban llenos de enfermos y el negocio iba viento en popa. Pero, al cabo de un tiempo, había tanta gente enferma que todo el mundo se asustó. Todos empezaron a comportarse muy mal y la estabilidad se fue al garete. Cuando la gente no puede trabajar, no tiene dinero para elixires, sean puros o aguados.

Cuando la emperatriz murió, fue como si Dunwall se precipitase al Vacío. El jefe de espionaje Burrows tomó el mando y la Guardia empezó a utilizar toda esa nueva tecnología de Sokolov: torres de vigilancia, tall boys y esos postes fulminantes. Instalaron un arco voltaico en Clavering Boulevard y tomaron medidas severas.

Pero Slackjaw volvió a sorprendernos. En lugar de abandonar la ciudad en un barco rumbo a Morley o a cualquier otra isla, se quedó y mantuvo la calma. Tenemos tanto elixir para combatir la peste como la Guardia, con sus impuestos y sus raciones. Y eso es lo que nos ha mantenido vivos hasta la fecha.

Crowley, banda de Bottle Street

¡Interferencia de bloqueo de anuncios detectada!


Wikia es un sitio libre de uso que hace dinero de la publicidad. Contamos con una experiencia modificada para los visitantes que utilizan el bloqueo de anuncios

Wikia no es accesible si se han hecho aún más modificaciones. Si se quita el bloqueador de anuncios personalizado, la página cargará como se esperaba.

También en FANDOM

Wiki al azar